En una visita oficial a Estados Unidos el jueves 15 de enero, María Corina Machado entregó la medalla del Premio Nobel de la Paz que recibió en 2025 al presidente estadounidense Donald Trump durante un encuentro en la Casa Blanca. La líder opositora venezolana describió el gesto como “símbolo de agradecimiento por su apoyo a la causa de la libertad y la democracia venezolana” tras la salida de Nicolás Maduro del poder.
“Es también una profunda expresión de gratitud por el invaluable apoyo del presidente Trump y de los Estados Unidos al pueblo venezolano en esta lucha decisiva por nuestra independencia y la restauración de la soberanía popular”, explicó Machado. El acto provocó una ola de críticas por parte de la comunidad internacional, en donde diferentes sectores apuntaron la contradicción de entregar un símbolo de la paz a una figura que, en declaraciones públicas previas, había defendido una intervención militar en Venezuela, una postura difícil de conciliar con los principios del Nobel de la Paz.
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A la hora de darle su reconocimiento a Trump, Machado recordó un hecho histórico: “Hace 200 años, el general Lafayette le entregó al presidente una medalla con la cara de George Washington a Simón Bolívar, que siempre atesoró. Justo 200 años después, la gente de Bolívar le está devolviendo a Washington una medalla en reconocimiento”, contó la opositora, según la BBC.
“El hecho de que este gesto tenga lugar dos siglos después, casi como un espejo histórico, le otorga un poder simbólico excepcional”, agregó Machado, según un comunicado hecho público tras el encuentro. Trump celebró el momento en redes sociales, calificándolo como un gesto de respeto mutuo y una demostración de alianza política.
Las críticas no se hicieron esperar. Desde Noruega, Políticos y analistas calificaron el hecho como “patético”, “absurdo” y “sin sentido”, afirmando que el gesto socava la dignidad del galardón. Janne Haaland Matlary, exfuncionaria noruega, dijo que la acción muestra una falta total de respeto hacia el prestigio del premio, mientras que líderes como Kirsti Bergstø la consideraron irracional.
“Una medalla puede cambiar de dueño, pero el título de Premio Nobel de la Paz, no”, ha explicado el Centro del Nobel de la Paz por medio de su cuenta de X. “Pero hay una verdad que persiste, como afirma el Comité Noruego del Nobel: Una vez anunciado un Premio Nobel, no puede revocarse, compartirse ni transferirse a otros. La decisión es definitiva y perdura para siempre”, sentencia el comunicado.
El gesto simbólico ha sido interpretado por algunos analistas como un intento por reactivar las bajas expectativas de su movimiento para acceder al poder, en un contexto en el que Nicolás Maduro ya no está al mando, pero su equipo sí. Como se conoció luego de la invasión a Venezuela, la decisión de Trump de no respaldar a Machado habría sido consecuencia de las dudas sobre la capacidad del movimiento opositor para controlar la situación de seguridad en el país latinoamericano y relacionarse con las fuerzas armadas.
En cualquier caso, este “reconocimiento” llega en un momento marcado por fuertes tensiones internacionales. Por un lado, persiste la posibilidad de una intervención militar de Estados Unidos en Groenlandia, país en el que ya se encuentran desplegadas tropas europeas para frenar eventuales movimientos militares estadounidenses. Por otro lado, crecen las protestas en Irán, que han recibido el respaldo de Trump, quien adelantó que “la ayuda va en camino”.
Las señales de política exterior de Trump suelen ser grandilocuentes en público, por lo que llama la atención el bajo perfil del encuentro con Machado. Para la oposición venezolana, ya había sido una sorpresa que el presidente estadounidense no la incluyera en sus planes inmediatos para el país. Sin embargo, al revisar el trato dado por Trump a otros líderes, incluso críticos, el gesto resulta menos excepcional: las reuniones cordiales con figuras como el recién electo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani; la solución diplomática con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva e incluso la llamada conciliadora, tras una gran tensión con el presidente colombiano Gustavo Petro, derivaron en intercambios diplomáticos positivos. En contraste, el desdén hacia Machado podría reflejar un rasgo del carácter de Trump de menor compromiso con quienes, pese a sus elogios, no le ofrecen garantías estratégicas claras.
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