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Crítica: Si pudiera, te patearía (If I Had Legs I’d Kick You)

Si pudiera, te patearía se inscribe en una línea muy clara del cine reciente: relatos centrados en mujeres al borde del colapso psicológico y filmados desde dentro de ese derrumbe. Como ocurrió con Mátate amor, aquí el interés principal no es la trama, sino la experiencia mental de una protagonista que ya no logra organizar el mundo ni a sí misma. Ambas películas nos entregan grandes actuaciones de sus protagonistas. Ambas oscilan entre la rabia y la confusión y ambas avanzan sin freno hacia una forma de nihilismo que termina volviéndose autocomplaciente.

Mary Bronstein (Yeast) construye la película como una inmersión total en la psique de Linda, una mujer que lo sostiene todo y ya no sostiene nada. El relato elimina casi cualquier punto de apoyo externo: el hogar se vuelve inhabitable, el matrimonio se diluye en la ausencia, la maternidad aparece como una carga constante y la práctica profesional, paradójicamente, como un recordatorio cruel de su propia impotencia. La película no ofrece descanso ni contraste. Todo es presión, repetición y desgaste.

En ese contexto, el trabajo de Rose Byrne es sencillamente magistral. Al igual que Jennifer Lawrence en Mátate amor, Byrne interpreta a una mujer bajo la influencia de su propio estado mental. No hay distancia irónica ni contención clásica. Su actuación es corporal, nerviosa y errática. Cada escena parece vivirse como si fuera la última gota. Byrne convierte a Linda en un ser permanentemente expuesto, incapaz de filtrar su rabia, su miedo o su cansancio. Es una interpretación de alto riesgo, sostenida con una precisión que impide que el personaje se vuelva caricatura.

Byrne trabaja desde la fragmentación. Linda no avanza, reacciona. No procesa, acumula. La actriz logra que esa acumulación sea legible, incluso cuando el guion insiste en llevarla más lejos de lo necesario. Su cuerpo, su voz y su mirada transmiten una identidad que se desarma frente al espectador. Es una de esas actuaciones que no piden empatía, sino atención. La película vive en ella.

El resto del elenco funciona como satélites de ese derrumbe. Conan O’Brien, en una decisión de reparto tan arriesgada como efectiva, interpreta al terapeuta de Linda con una frialdad desconcertante. Su presencia introduce una capa adicional de crueldad: incluso el espacio destinado a la escucha es estéril. Danielle Macdonald aporta tensión desde la demanda constante, mientras que el rapero A$AP Rocky ofrece el único atisbo de contacto humano, aunque termina siendo, como todos, un contacto transaccional. El esposo ausente (al que solo vemos en el final, al igual que su hija enferma), encarna una figura más estructural que dramática. No es un antagonista activo, sino una ausencia que pesa y que como la voz de la hija, molesta hasta la médula con sus inagotables demandas y reclamos.

Hasta aquí, Si pudiera, te patearía funciona como un retrato brutal del agotamiento femenino contemporáneo. El problema aparece cuando la película decide que esa brutalidad no es suficiente. Bronstein empuja cada situación hasta el límite, acumula símbolos, repite conflictos y estira el sufrimiento más allá de su capacidad expresiva. El resultado es una saturación que termina anulando el impacto.

En ese punto, la película empieza a recordar peligrosamente a la inaguantable y pretenciosa Beau tiene miedo, pero en clave femenina. El mundo entero parece conspirar contra la protagonista, cada gesto se transforma en amenaza y cada espacio en una trampa, sin una exploración clara del absurdo ni del delirio como construcción formal. Hay, en cambio, una insistencia en la autorreferencia. La angustia deja de revelar y empieza a repetirse sin dar lugar a la luz. La metáfora del hoyo negro da cuenta de ello.

El simbolismo, que al inicio opera como extensión del estado mental de Linda, termina volviéndose redundante. La película ya ha dicho lo que tenía que decir sobre el colapso, pero se niega a detenerse. Confunde radicalidad con acumulación. Donde bastaba una escena precisa, ofrece tres. Donde el silencio podía funcionar, agrega ruido. Esa falta de medida es lo que impide que Si pudiera, te patearía alcance la grandeza que su protagonista sí logra. Al parecer, Darren Aronofsky (Réquiem por un sueño, Cisne negro), causó mucho daño en los cineastas del grupo A24, con su exceso en impacto emocional y su escasez de discurso racional. 

Aun así, sería injusto reducir la película a sus excesos. Hay una coherencia interna en su apuesta y una honestidad brutal en su mirada. Bronstein no busca agradar ni consolar. Su problema no es la falta de sensibilidad, sino la incapacidad de confiar en ella. La película no cree que una imagen pueda bastar; necesita insistir, remarcar, reiterar.

Si pudiera, te patearía queda definida por una tensión irresuelta. Por un lado, contiene una de las actuaciones femeninas más intensas y comprometidas de los últimos años. Por otro, se entrega a un nihilismo que termina neutralizando su potencia. Es una película que quiere decirlo todo y termina diciendo demasiado.

Rose Byrne sale ilesa. Más que eso, sale engrandecida de este caos. La película, en cambio, no sabe cuándo detenerse. Y en ese desbalance entre interpretación y puesta en escena se juega tanto su fuerza como su límite.

P.D. Los amantes de los hámsters deben estar preparados.

Tráiler:

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