Según ha admitido el propio Robbie Williams, su 13º álbum de estudio muestra a esta institución británica ofreciendo el sonido que desearía haber lanzado tras su notoria salida de Take That en 1995. Ha promocionado a lo grande el hecho de que el dios de la guitarra, Tony Iommi, hace un cameo explosivo en el primer simple, “Rocket”, mientras afirma que el disco es “crudo: hay más guitarras y es incluso más animado e hímnico de lo habitual”.
Todo esto es cierto, y el resultado es un disco en el que Robbie suena más liberado y entrega algunas de sus mejores canciones en años. Es impunemente alocado, como lo ilustran las guitarras envolventes en “Rocket”, pero este sentido constante de imprevisibilidad es una fortaleza. Aquí vemos a Robbie apoyándose en lo que siempre ha hecho mejor: que todo le importe un carajo y bailar al ritmo de su propio tambor.
En “Spies”, ofrece un himno fanfarrón guiado por guitarras que comparte ADN sonoro con la favorita de los fans, “Monsoon”, pero que llega de forma conmovedora desde la perspectiva de este hombre de familia zen que reflexiona sobre una juventud malgastada. “Solíamos quedarnos despiertos toda la noche/ Creyendo que todos éramos espías/ Rezando para que el mañana no llegara”, es la descarga de Robbie en el estribillo.
En otra parte, el tono desafiante de “Cocky” lo muestra presumiendo que “vos llegás a hablar con Jesús, yo llego a hablar con Dios” y, curiosamente, ofrece una línea de guitarra audaz que no suena muy lejos de “Personal Jesus” de Depeche Mode. Aún no ha confirmado si ha iniciado una guerra de palabras con los íconos de los 80, pero ciertamente es algo que nos gustaría ver.
Si pensabas que eso era raro, no escuchaste nada hasta encontrarte con “Morrissey”, en el que Robbie forma equipo con su viejo amigo y rival Gary Barlow para una canción escrita desde la perspectiva de alguien que está “completamente obsesionado y enamorado” del ícono de The Smiths, por lo que se dedica a acosarlo. Resulta irónico, entonces, que esta premisa tan loca termine siendo una de las mejores canciones del disco: un temazo de synth-pop reluciente que tiene una deuda con Erasure.
Y para cuando las cosas terminan con “Bite Your Tongue” (ignoremos convenientemente “Desire”, el fallido himno de la FIFA que cierra el disco), las palabras de Robbie sobre guitarras e himnos han resultado ser mayormente ciertas. Es impunemente disparatado y hará poco para convencer a sus detractores, ¿pero a quién le importa cuando el resto de nosotros nos estamos divirtiendo tanto?
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